Sin Opciones, No Hay Decisiones.

Del total de los abusos sexuales hacia niñas y niños, una significativa proporción sucede en lo más “íntimo” del núcleo intrafamiliar (padres, tíos, abuelos…). Allí, en una lógica perversa, el actual lema, en oposición a la educación sexual integral, “con mi hijo no te metas” podría completarse y resignificarse con “…porque es mío”, en el sentido del cuerpo del niño como objeto de poder del adulto abusador. La cuidadosa protección que aparentaría el “no te metas” rápidamente desenmascara una violenta posesión. Otro peligro es que, detrás de ese lema reduccionista, que rechaza diversas ideologías colectivas, sociales y culturales, se configuren apropiados escondites para los que, perversamente, esquivan la ley de prohibición del incesto, base de nuestra sociedad y cultura. 


Entonces ¿cómo podría quedar la educación sexual integral de los niños a cargo exclusivo y deliberado de sus familias? El cuidado de las infancias y la niñez, en su integralidad, debe ser cuestión de Estado porque implica subjetividades en plena constitución y desarrollo, por ello tan potente como vulnerable. Así, para aquellos niños y niñas que cuentan con familias sostenedoras, protectoras, respetuosas, facilitadoras y acompañantes del desarrollo, la educación sexual integral se articulará espontáneamente entre la ideología familiar y la social, con sus encuentros y desencuentros, acuerdos y singularidades. 


Pero el riesgo está, justamente (o mejor dicho, injustamente, como siempre suele suceder), en las situaciones de mayor vulnerabilidad: aquellos niños y niñas que no cuentan con esta “suerte familiar”; por eso, que un Estado garantice su educación sexual integral hará la diferencia: proveerá conocimientos cuando el desconoci-miento intente confundir, facilitará palabras y enunciados donde el silencio intente forzosamente reinar, explicitará e identificará abusos que tienden a disfrazarse como particulares usos y promoverá posiciones subjetivas activas que puedan apropiarse de las legalidades para no ser apropiadas por lo siniestro. 


Para que los niños y niñas (no nuestros, sino de la vida) puedan decidir libremente debemos construir y garantizar contextos diversos y universos de opciones. Y puedo decirlo porque tengo la posibilidad de elegir entre muchas palabras. Por eso, deseo Sujetos Subjetivados más que Sujetados.

Juan Augusto Laplacette

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